- Día 1:
- Madrid Barajas - Zürich Flughafen - Bus a Freiburg im Breisgau - Freiburg im Breisgau
- Día 2:
- Freiburg im Breisgau
- Día 3:
- Alquiler coche Freiburg im Breisgau - Triberg - Reloj Cuco Schonach - Reloj Cuco Eble Uhren Park - Villingen-Schwenningen - Donaueschingen - Triberg
- Día 4:
- Triberg - Konstanz - Titisee - Alpirsbach
- Día 5:
- Alpirsbach - Schiltach - Freudenstadt - Baden-Baden
- Día 6:
- Baden-Baden
- Día 7:
- Baden-Baden (Caracalla Therme) - Heidelberg - Baden-Baden
- Día 8:
- Baden-Baden - Oppenau - Oberkirch - Durbach - Gengenbach - Oppenau
- Día 9:
- Oppenau - Europa Park (Rust) - Oppenau
- Día 10:
- Oppenau - Colmar -
Castillo de Haut-Koenigsbourg- Ribeauvillé - Riquewihr - Colmar
- Día 11:
- Colmar - Freiburg im Breisgau - Devolver coche - Bus a Zürich - Zürich
- Día 12:
- Zürich Flughafen - Madrid Barajas
Salimos a las 7:50 de Barajas desde la T2 rumbo a Zürich, con Air Europa, vuelo más barato para las fechas elegidas (las que podíamos, principios de agosto). Hubiéramos preferido volar a otro aeropuerto más cercano a nuestro destino final, pero los precios se disparaban. La verdad es que desde Zürich es muy fácil encontrar conexión a casi cualquier ciudad alemana.
Tras llegar al aeropuerto, tranvía al centro, muy bien comunicado, y directos a la estación de autobuses (ya sabíamos donde estaba de un viaje anterior), está muy cerca cruzando la estación de trenes (Haupbahnhof). Una vez allí, decidimos parar a desayunar antes de coger el bus, que salía a las 12:25. La compañía elegida, Flixbus, con billete previamente comprado en España por si acaso. Nos costó 48€ en total, ida y vuelta para dos personas, muy barato si lo comparas con el precio del tren u alguna otra compañía. Lo malo, había mucho tráfico en la entrada de la ciudad, y el bus llegó con una media hora de retraso.
El destino de nuestra primera parada, es Freiburg im Breisgau, capital de la Selva Negra. Os estaréis preguntando por qué no alquilamos el coche directamente en Zürich, y la verdad, es que son dos los motivos que nos echaron para atrás. El primero, el precio, que era casi de 200€ superior a hacerlo en Alemania, Suiza es mucho más caro en todo, incluido eso, y lo segundo, que tras llegar a Friburgo iba a estar casi dos días parado, con lo cual, sería pagar esos días a mayores sin necesidad. Más adelante os hablaré de la parte del alquiler.
Llegamos a Friburgo a las 15:15 aproximadamente (hora prevista, 14:45), con lo que quitando el retraso en la salida, después fue muy puntual. Lo primero que hicimos, fue sacar unos tickets para el tranvía, ya que nuestro alojamiento estaba lo bastante lejos como para no querer ir andando cargados. Haciendo los cálculos, decidimos coger un ticket de grupo (hasta 5 personas) para el día entero, se llama Regio24 y nos costó 12€ y nos valió tanto para el tranvía como para el bus urbano. Los billetes sencillos cuestan 2,30€ por si alguien se lo preguntaba.
Total, que llegamos a nuestro alojamiento, elegimos el Gästehaus Ruh, una habitación doble con dos camas, bastante básica, pero suficiente para lo que la íbamos a usar. Nos costó 138€ para dos noches (en todos o casi todos los alojamientos tienen unas tasas que no suelen estar incluidas en el precio, no recuerdo los precios, pero calculad entre 0,6€ - 1,50€ por persona y noche).
Salimos para el centro de la ciudad, con muchas ganas de caminar por todos los lugares posibles, previa comida rápida en el Gästehaus por culpa de la hora que era. Nuestra primera parada fue Münsterplatz, impresionantemente bonita. No os voy a aburrir con detalles arquitectónicos ni cosas de esas, y menos cuando no hay nada mejor que verlo en las fotos para que os hagáis una idea. Allí podréis ver la Münster (Catedral de Friburgo) y, el Historisches Kaufhaus (Grandes Almacenes Históricos). Tras un rato paseando por la zona, viendo un pequeño mercadillo con frutas, verduras y flores, nos vamos a ver el Altes Rathaus (ayuntamiento) en Rathausplatz. Seguimos hacia Wentzingerhaus, otro de los edificios emblemáticos de Friburgo. Continuamos hacia Augustinerplatz, donde pudimos ver un poco de gente hostil, pero sin problema alguno más allá del alcohol que llevaban dentro... Desde aquí se llega al Augustiner Museum, nosotros no entramos, pero para quien le guste el arte, dicen que es recomendable. Siguiendo nuestra ruta, el siguiente punto en explorar fue el curioso Markthalle, lugar donde aprovechamos para cenar algo y refrescarnos como no podría ser de otra manera, con unas cervezas bien frías. Hay comidas muy variadas y de diferentes lugares, por lo que es un lugar muy apropiado por si viajáis en grupos con gente de diversos gustos culinarios o exquisitos incluso... Terminamos aquí y damos por finalizado el día, teniendo en cuenta, que la mayoría de las tiendas, museos, etc. por lo general, en Alemania, cierran a las 18:00, a excepción de supermercados, pubs, restaurantes... y ciertas tiendas en ciudades grandes.
Nos vamos al hotel muy satisfechos con lo visto por ahora, y con ganas de seguir al día siguiente. Una curiosidad que nos llamó mucho la atención, fueron una especie de arroyos (Bächle) que van por todo el centro histórico de la ciudad, en las que ponen barquitos o patitos de goma flotando por ellos, y si no vas atento, puedes acabar con un pie dentro, si es que no los metes a propósito, como mucha gente.
Salimos de nuevo hacia el centro para dar un paseo por sus calles, ya que este día no teníamos demasiado lío y era más de relax. Aprovechamos para visitar las tiendas y llevarnos algunos recuerdos, como en cada lugar que visitamos. Tras un rato de paseo, nos vamos a nuestro siguiente punto de interés, Martinstor, como si dijeras la puerta de la ciudad por su forma y situación. Desde aquí con el calor que hacía, nos paramos a comer un helado (muy buenos por toda la zona), ya que pasamos mucho calor en general en todo el viaje. Así de felices continuamos hacia Universitätsbibliothek (Biblioteca Universitaria) y Albert-Ludwigs-Universität, dos lugares juntos y dignos de ver.
Tras un rato por la zona, decidimos ir hacia el puente más conocido de la ciudad, que coincide en situación con la estación de trenes y buses de la ciudad, el Wiwilli-Brücke. En esta zona se puede ver gente de todo tipo, bohemios, gente en grupo con las guitarras, hippies, etc. Y mucha gente se sube al puente a pasar el rato, sin más, como algo natural, no se, a mi me llamó la atención, aunque desde lejos parece más peligroso de lo que en realidad es cuando te acercas. Cruzamos el puente para llegar a las dos torres que se ven desde lejos y te preguntas que será, pues es la Herz-Jesu-Kirche (Iglesia del Sagrado Corazón), muy llamativa y digna de ver.
Esto era lo último básico que teníamos en nuestra ruta, por lo que vamos a comer algo tarde para su horario, en Münsterplatz, y decidimos probar algo típico de la zona, con carne de cerdo, ternera, algo de patata y una especie de pasta que no se muy bien de que está hecha, pero que todo junto estaba muy bueno, pero error nuestro no haber entendido la carta, ya que el precio de ese plato que compartimos a lo grande, era por persona, no el total, por lo que la comida nos salió algo cara, pero he de decir, que valió la pena. Creo recordar que se llamaba Ganter Brauereiausschank (o algo así).
La tarde la pasamos tranquilamente, de nuevo paseando más por allí y descansando ya pensando en el día siguiente, donde nos adentraremos ya más hacia el centro de la Selva Negra.
Nos levantamos bastante temprano, y nos ponemos en marcha hacia la empresa de alquiler de coches, en nuestro caso, elegimos Buchbinder, ya que era la que mejor precio nos ofrecía. La reserva la hicimos vía Rentalcars, y en un principio no contratamos el seguro que ofrecen. Unos días más tarde de realizar la reserva, un agente de Rentalcars me llama para ofrecerme el precio del seguro a un mejor precio, así que acepto, además de que lo íbamos a contratar antes de viajar igualmente. Otra cosa que me comenta es la parte del depósito que bloquean en tu tarjeta de crédito en el momento de la recogida del vehículo, solo y exclusivamente se puede hacer con tarjeta, por lo que no lo llevéis en efectivo, porque podríais tener problemas. Nuestro coche elegido fue un Opel Astra de 4 puertas, con kilometraje ilimitado, por el que pagamos 229,56€ más el seguro por 79€. El depósito del que os hablaba, nos comentaron y ponía en la web que sería de unos 1000€, no os preocupéis, teniendo el seguro contratado, os los devolverán íntegramente al devolver el coche. Grata sorpresa cuando vi que solo me habían bloqueado 800€. Pagamos 20€ extra ya que vamos a cruzar frontera entre paises y nada, salimos a ver el coche, bien limpio y con el depósito lleno, chequeamos que todo esté bien y no tenga golpes o arañazos, y vemos que tenía un pequeño golpe en la parte delantera, así que tomamos fotos del coche en general y de eso en particular (recomiendo hacer fotos a cualquier cosa que creáis es un desperfecto). Tras firmar el papel, cargamos las maletas, ponemos la música previamente preparada en España, enchufamos el GPS, también recomiendo llevarlo de España, ya que si no es otro cargo adicional. Nos ponemos en ruta hacia nuestra primera parada del día: Triberg.
El viaje para nada se hace pesado, con buena música y ese paisaje espectacular que se ve mientras conduces...no se puede describir con palabras. En el camino os encontraréis con muchos ciclistas y motoristas, y tampoco me extraña. Lo único un poco peor, es que en verano aprovechan para arreglar las carreteras, por lo que podéis encontrar tramos en obras que ralentizan un poco la circulación, pero sin llegar a detenerla, por lo que realmente no se pierde demasiado tiempo.
Llegamos a Triberg y decidimos ir a nuestro hotel a ver si podemos dejar las cosas y el coche, y así fue, nos guardaron las maletas y dejamos el coche aparcado allí. En esta ocasión, el lugar elegido fue Hotel Restaurant Ketterer am Kurgarten, pagamos 66,60€ por una habitación doble con cama grande. Nos dieron unos tickets para no pagar al visitar la cascada, así pues, nos pusimos en marcha, y por suerte, el hotel se encontraba justo enfrente de una de las entradas a la cascada (Triberg Wasserfall). Caminando llegamos a la parte baja de la cascada, y vemos que es impresionante, dicen que son las más altas de Alemania, en todo tipo de guías y folletos, lo cual es falso, gracias a la investigación de losapuntesdelviajero, resulta que son las novenas del país, con 163m, mientras que las primeras, Röthbachfall, tienen 470m. Quitando eso, he de decir que son impresionantes, tanto la cascada como todo alrededor. Tienen diferentes rutas para caminar dependiendo del tiempo que queráis pasar allí. Todas están muy bien señalizadas, así que no tiene pérdida. Nosotros subimos por el camino para ver la cascada desde arriba, donde tienen una especie de mirador, y las vistas merecen la pena. Tras ésto, volvemos a bajar y seguimos un poquito el camino de abajo, sin irnos demasiado lejos, y decidimos dar la vuelta y salir de allí para dirigirnos al pueblo. Hay que decir que no es el más bonito de la Selva Negra, pero tiene mucho encanto, y es seguramente de los más conocidos, sobre todo por los relojes de cuco. Bajando la calle del hotel, llegamos a la calle principal, quedando a la derecha, todas las tiendas y a la izquierda el río Neckar. Merece la pena entrar a varias tiendas y disfrutar de los relojes, pero sobre todo una, la Haus der 1000 uhren, la tienda con más relojes de cuco por metro cuadrado, simplemente espectacular, y por supuesto, no compramos ninguno, porque los que nos empezaban a gustar, con el cuco que sale, se hacían inviables en ese momento. Siguiendo esa calle, nos encontramos con el ayuntamiento, y por allí damos la vuelta de nuevo y nos volvemos hacia el hotel, para ya subir las maletas y comer, cosa que no lamentamos, ya que probamos la trucha de allí y un lomo de cerdo con salsa de algo, que estaba muy bueno (con lo especial que soy yo para comer), y no desaprovechamos la ocasión para comer un pedazo de su tarta más famosa, la Selva Negra original, y no decepcionó, aun menos cuando estamos acostumbrados a comerla "enlatada" en España.
Tras la comida, continuamos el recorrido hacia los dos relojes de cuco más grandes del mundo. El primero, el situado en Schonach, creo recordar que es el más grande, pagamos una entrada, no se si fueron 2€ o algo así, y vemos el mecanismo del interior, y es enorme, pasamos por la tienda y al fin salimos a la parte donde se puede ver el "pajarito" de varios metros salir a cantar, así pues, esperamos en el jardín unos minutos, ya que estábamos cerca de la hora y media, y no decepcionó, salió, cantó, lo disfrutamos, y tal como llegamos, nos fuimos.
El siguiente reloj, se encuentra en Schonachbach, el Eble Uhren Park. En este creo que no pagamos entrada, pero tampoco visitabas nada, simplemente la tienda. Para ver el reloj, hay que dar la vuelta y casi irse hasta la carretera, al lado de la barandilla y así poder hacer las fotos y verlo mejor. Esperamos a la hora en punto para ver salir a pajarraco y listo. La verdad, si me tengo que quedar con uno, me quedo con el primero con diferencia.
Seguimos ahora hacia Villingen-Schwenningen, un precioso pueblo amurallado, con sus torres de entrada. Aquí simplemente nos dedicamos a caminar por sus calles y disfrutar del lugar, ya que no hay nada en particular y todo en general para ver, simplemente viajar en el tiempo.
El siguiente punto en nuestro mapa fue Donaueschingen, lugar donde nace el río Danubio. No fue difícil de encontrar, aunque no se ven grandes cantidades de gente por el lugar, hasta llegar a allí no parece una zona turística. La Fuente del nacimiento (Donauquelle) es muy bonita, pero esperaba más, la verdad es que decepcionó un poco, por lo que yo, personalmente no planificaría un viaje pensando en visitarlo, ahora bien, si te pilla de paso, si que merece una pequeña parada, además de que en 15-20 minutos lo tienes visto.
Ya de vuelta para Triberg, vamos pensando lo mucho que nos está gustando este viaje, y eso que no hemos llegado a lo mejor todavía. Llegamos y lo primero a cenar en el centro en un sitio típico alemán, decidimos probar su pollo asado, con sus respectivas pintas de cerveza, más aun cuando ya no había que conducir más. Todo muy bueno, paseito para el hotel, y a descansar, que nos espera otra larga jornada al día siguiente.
Nos ponemos en marcha temprano para ir a Constanza, y así ver el lago al que da nombre (Bodensee). Nada más llegar, lo primero, desayunar, tardamos un poco en encontrar algo abierto, por aquello de la hora...pero bueno, al final encontramos, y desayunamos al sol a orillas del lago. Tras esto, nos dimos un paseo por allí y tras las compras de rigor, volvimos hacia el coche mientras visitábamos la otra parte del pueblo, aunque lo mejor, la zona del puerto.
El día continuaba de otra manera, ya que nuestra idea era ir a Neuhausen am Rheinfall, las cataratas del Rin, pero tras consultar el tráfico por internet y ver el atasco que había, decidimos salir hacia Titisee y dejarlo para otro viaje. Una vez llegados a Titisee, aparcamos en un gran aparcamiento que tiene a la entrada y bajamos caminando hacia el lago. La verdad es que tiene unas vistas espectaculares y, al menos en verano, tienen los típicos patinetes de playa y unos roscos en los que te vas en grupo, meten la cerveza y a pasar un buen rato. Nosotros nos dedicamos a pasear por la pequeña "playa" y a disfrutar del paisaje y como se nos pasaba la hora de comer, pues allí mismo lo hicimos, esta vez unas simples hamburguesas con un platao de patatas fritas.
Tras la comida, nos ponemos rumbo a Alpirsbach, otro pequeño pueblo muy bonito, donde además íbamos a pasar la noche. El alojamiento estaba algo lejos de lo que es el centro, por lo que fue necesario coger el coche tras dejar las maletas allí. No había casi gente en la calle, ya que llegamos a lo que es el pueblo cerca de las 18:00, asi que nos dimos un paseo, vimos la iglesia y los jardines y nos pusimos a caminar hacia el otro lado del pueblo, siguiendo el río que había por allí, lo que nos llevó a un pequeño cementerio precioso y lleno de flores. En ese momento, ya de vuelta al centro, paramos en un bar/restaurante alemán, donde solo recuerdo haber comido carne y tomar una cerveza. Una vez terminado, nos fuimos hacia el coche, y había bar, donde conseguimos probar la cerveza Alpirsbacher y de ahí al hotel a descansar, viendo como se oscurecía la Selva Negra desde la ventana. El hotel para esta noche fue Landgasthof Sonne a 52€ la noche, una habitación doble estándar, con cama doble grande.
De nuevo temprano, dejamos el hotel de Alpirsbach y nos dirigimos a nuestra primera parada, Schiltach. Lo primero nada más llegar, buscamos dónde desayunar, era tan pronto que aún no había abierto nada, solo un hotelito en la plaza, por lo que no nos queda otra que desayunar allí. Al final, no desayunamos en el nuestro por ahorrar, y nos clavaron bien allí...si hubiéramos esperado un poco más, al salir, vimos una pequeña cafetería recién abierta, pero bueno, fallo nuestro. Nos damos un paseo por el pueblo, precioso, por supuesto, y pequeño, Recorremos sus calles, entre otras la que sigue el curso del río Kinzig, y llegamos hasta uno de los museos, el del transporte en balsas de madera (Schüttesägemuseum). Por allí damos la vuelta y terminamos la visita. También tiene el museo de la farmacia (Apothekenmuseum), bastante original y diferente para quien le guste.
Cogemos el coche de nuevo y nos vamos ahora a Freudenstadt, aparcamos al lado de Marktplatz y salimos para el pueblo. La verdad es que es impresionante, la plaza mas grande de Alemania con su fuente en medio es realmente increíble, y con una gran iglesia al fondo. Empezamos la visita por otra pequeña plaza al otro lado de la calle, y descubrimos que había una feria de algo, con sus puestos de comida y distintos objetos, la mayor parte artesanía. Ya que íbamos a estar un rato, decidimos tomar una cerveza bien fresquita, y disfrutar del ambiente que había. Después cruzamos hasta la gran plaza y con el calor que hacía, apetecía meterse en la fuente a refrescarse, como hacían los niños y no tan niños de allí. Nos acercamos hasta la iglesia cruzando la plaza y nos damos una vuelta. Luego recorremos un poco sus calles, pero no encontramos nada más interesante, por lo que ya que estábamos, decidimos comer allí mismo unos bocadillos en el mercadillo.
Siguiendo la ruta, nos dirigimos hacia Baden-Baden, la ciudad más glamurosa y cara que visitamos. Vamos lo primero, al apartamento que reservamos, Black Forest Apartments, que no puedo dejar el enlace porque no aparecen ya, desconozco el motivo. La verdad es que estaban bastante bien, no en el centro, pero llegamos caminando en 15 minutos más o menos. Teníamos cocina, salón/habitación y terraza, con jardín compartida con otra habitación, también había abajo lavadora y secadora, lo que como ya sabíamos previamente, nos hizo llevar menos ropa en las maletas y lavarla y secarla allí. Nos costó 255€ las 3 noches.
Salimos a dar un paseo para llegar al centro, y se nos hizo muy rápido y en línea recta. El primer lugar importante al que llegamos fue el gran Casino (Kurhaus), y a Trinkhalle otro edificio impresionante donde también está la oficina de turismo. Continuamos el recorrido con el objetivo de llegar a la Iglesia Evangélica (Evangelische Stadtkirche) siguiendo hasta la Iglesia Ortodoxa (Russische Kirche). Después nos fuimos hacia el centro, para ver la última de las iglesias, la Colegiata (Stiftskirche), situada en Marktplatz, tras una larga subida por escaleras y demás, que merece la pena.
Nos volvemos para casa, para ir al supermercado y hacer algo de compra para tener algo de desayuno y cena para esa noche, y así ahorrar un poquito. Damos el día por concluido.
Cogemos el coche de nuevo y nos vamos ahora a Freudenstadt, aparcamos al lado de Marktplatz y salimos para el pueblo. La verdad es que es impresionante, la plaza mas grande de Alemania con su fuente en medio es realmente increíble, y con una gran iglesia al fondo. Empezamos la visita por otra pequeña plaza al otro lado de la calle, y descubrimos que había una feria de algo, con sus puestos de comida y distintos objetos, la mayor parte artesanía. Ya que íbamos a estar un rato, decidimos tomar una cerveza bien fresquita, y disfrutar del ambiente que había. Después cruzamos hasta la gran plaza y con el calor que hacía, apetecía meterse en la fuente a refrescarse, como hacían los niños y no tan niños de allí. Nos acercamos hasta la iglesia cruzando la plaza y nos damos una vuelta. Luego recorremos un poco sus calles, pero no encontramos nada más interesante, por lo que ya que estábamos, decidimos comer allí mismo unos bocadillos en el mercadillo.
Siguiendo la ruta, nos dirigimos hacia Baden-Baden, la ciudad más glamurosa y cara que visitamos. Vamos lo primero, al apartamento que reservamos, Black Forest Apartments, que no puedo dejar el enlace porque no aparecen ya, desconozco el motivo. La verdad es que estaban bastante bien, no en el centro, pero llegamos caminando en 15 minutos más o menos. Teníamos cocina, salón/habitación y terraza, con jardín compartida con otra habitación, también había abajo lavadora y secadora, lo que como ya sabíamos previamente, nos hizo llevar menos ropa en las maletas y lavarla y secarla allí. Nos costó 255€ las 3 noches.
Salimos a dar un paseo para llegar al centro, y se nos hizo muy rápido y en línea recta. El primer lugar importante al que llegamos fue el gran Casino (Kurhaus), y a Trinkhalle otro edificio impresionante donde también está la oficina de turismo. Continuamos el recorrido con el objetivo de llegar a la Iglesia Evangélica (Evangelische Stadtkirche) siguiendo hasta la Iglesia Ortodoxa (Russische Kirche). Después nos fuimos hacia el centro, para ver la última de las iglesias, la Colegiata (Stiftskirche), situada en Marktplatz, tras una larga subida por escaleras y demás, que merece la pena.
Nos volvemos para casa, para ir al supermercado y hacer algo de compra para tener algo de desayuno y cena para esa noche, y así ahorrar un poquito. Damos el día por concluido.
Amanece de nuevo en Baden-Baden y tras desayunar en casa nos ponemos en marcha, de nuevo caminando hasta el casino para continuar, esta vez, por Lichtentaler Allee, un paseo todo rodeado de jardines que me atrevería a decir que es lo más bonito de allí. A lo largo del paseo, nos encontramos con el jardín de las rosas (Gönneranlage), unas 10.000 rosas repartidas en más de 400 especies, muy bien organizado y todo muy bonito. Habíamos leído sobre otro jardín de rosas Rosenneuheitengarten algo más alejado de allí, por lo que nos pusimos a patear calles hasta dar con el lugar...de haber sabido la cantidad de cuestas que había que subir y la sudada que pillamos...hubiéramos cogido el coche, pero ahí no acaba todo, resulta que estaba cerrado por mejoras del sitio, por lo que lo vimos desde la verja y poco más pudimos hacer, así que, a bajar y para el centro a pasear por las calles, tomar unas cervezas e irnos a cenar, al restaurante de Löwenbräu, y de paso, otra cervecita. Otro paseo por allí, y para casa con un helado bien bueno.
Empieza un día que será un poco mas relajado, día de Spa. Decidimos ir a Caracalla Therme, un buen lugar para ponernos a punto para los siguientes días de viaje. Tiene todo lo necesario para desconectar del mundo, piscina interior, exterior, distintos jacuzzis, sauna, baño turco, y después tiene otra zona aparte de saunas en las que tienes que ir desnudo del todo, a la cual no llegamos a ir. De esta parte no hay mucho más que contar.
Salimos de allí y nos vamos a Heidelberg, otro de los lugares que más nos gustaron del tour. Aparcamos en una especie de centro comercial y salimos a conocer el sitio. Empezamos a caminar por la calle principal mientras vemos la cantidad de movimiento que había, y eso que no era temporada de clases, es la universidad más antigua de Alemania y es una ciudad con muchos estudiantes. Nos dirigimos hacia Marktplatz, donde nos encontramos diversos puestos en la calle vendiendo recuerdos y demás cosas. Allí nos encontramos también con la Iglesia del Espíritu Santo (Heiliggeistkirche), la más famosa de Heidelberg. Seguimos el camino hacia la casa Zum Ritter, una casa con una impresionante fachada que es una de las joyas de la ciudad. Después continuamos hacia la Biblioteca Universitaria, que también vale una visita, tras la cual, nos dirigimos a la Iglesia Evangélica (Peterskirche) y después a Bismarkplatz, otra de las plazas de la ciudad. Lo mejor, para el final, nos vamos a cruzar al fin su famoso puente, el Theodor-Heuss-Brücke, lo cual no lleva mucho tiempo, y en la mitad tienes una buena imagen de ambos lados del río Neckar. Al otro lado del puente se encuentra el Paseo de los Filósofos, un camino ascendente desde donde puedes tener una buena panorámica de la ciudad dejando al fondo el Castillo (Schloss Heidelberg), el cual no pudimos visitar por falta de tiempo. Dimos otra vuelta por las calles y aprovechamos para comprar algo de cenar para llevar a casa.
Nuevo día amaneciendo en Baden-Baden, cargamos el coche y dejamos la casa de los últimos días atrás. Ponemos rumbo a la primera parada del día, Oppenau.
Llegamos al hotel y nos recibe una pareja, los cuales para nuestra sorpresa, hablaban español, es más, el hombre era andaluz casado con alemana. Nos permiten dejar allí las maletas, pero no nos dan la habitación hasta más tarde. El hotel aquí, más bien guesthouse, fue Gästezimmer an der Rench, pagamos 120€ por una habitación doble con cama grande. Puesto que teníamos que esperar, nos acercamos al pequeño pueblo, pensando que estaba más cerca, nos fuimos caminando, error... pero bueno, llegamos, pasamos por una plaza con un pequeño mercadillo de frutas y verduras, llegamos a la iglesia de allí, y tras un pequeño paseo decidimos volver, y paramos en un pequeño bar a tomar una caña. Volvemos a la guesthouse y subimos las cosas a la habitación y nos vamos a seguir el camino, ya en coche de nuevo hacia Oberkirch.
Otro pequeño pueblo, aquí sí que se puede apreciar las casas típicas de la Selva Negra. De aquí, no hay mucho que contar, nos dedicamos a recorrer las calles y disfrutar del paisaje. Oberkirch estaba muy cuidado, muchas flores, el riachuelo (am Mühlbach) por el medio, y su iglesia. En resumen, buen descubrimiento y lugar digno de visitar, además que no lleva demasiado tiempo. Volvemos para el coche de paseo, y continuamos.
La siguiente parada fue otro pequeño pueblo, bastante diferente a los que estábamos viendo por la zona, Durbach, pueblo de viñedos y conocido por sus vinos. Dimos un paseo por su calle principal, donde a un lado se podían ver los grandes viñedos, y al otro un riachuelo decorado con flores. La verdad es que es un pueblo con mucho encanto y llama la atención desde que llegas.
La última parada del día fue la joya de la corona, y no porque lo digan las guías y demás, íbamos con muchas expectativas, y no decepcionó. Gengenbach es un pueblo de cuento de los hermanos Grimm, el más bonito que recorrimos en todo nuestro viaje. Aquí se rodaron escenas de la película Charlie y la fábrica de chocolate. Lo primero que llama la atención, aparte de todo, es su ayuntamiento, que es también un calendario de adviento, el más grande del mundo, con sus 24 ventanas, Navidad aquí debe ser mágico.Llegamos ya limitando la hora de cierre, por lo que nos damos prisa en caminar por las calles, donde se ve que todas o casi todas las casas están muy cuidadas por sus propietarios, al igual que la limpieza que hay en general. Después, para terminar en este lugar de ensueño, paramos en una terraza a tomar un café, que terminamos justo cuando comenzó a llover (primera vez desde que llegamos). Con mucha pena, decidimos marchar y poner rumbo de nuevo a Oppenau.
A la vuelta, pudimos ver los paisajes con un diluvio impresionante, que no mejoró cuando me equivoqué al tomar una salida que no era, y no había donde dar la vuelta, por lo que el gps nos metió por una carretera bastante curiosa, que llevaba a otra por la que si venía alguien de frente no se que hubiera pasado. Al final, dando el rodeo, conseguimos volver a llegar a la carretera general y seguir rumbo a casa. Puedo asegurar que lo pasamos genial, con la lluvia, el paisaje, la carretera, eso no lo hubiéramos visto de no ser por el error.
Llegamos al la guesthouse, y los dueños nos ofrecen cenar allí, un menú, recuerdo que uno de los días fue lomo de cerdo y el otro pollo, los dos días muy rico. Nos ofrecen sin carta y sin nada, casi nos preparaban lo que quisiéramos si lo tenían, primero una ensalada y después el plato principal y el postre, con su previa cerveza, y recuerdo que pagamos entre 10-12€ por persona y cenamos muy bien, mientras hablaban con nosotros, nos contaban cosas de lugares alrededor de allí y demás. La verdad, un trato muy personal y cercano. Mientras cenábamos, llegó más gente y empezaron a hablar de todo un poco, y entre esas cosas, hubo una en especial, que nos hizo cambiar nuestra planificación inicial para el siguiente día. Íbamos a ir a Estrasburgo, pero la envidia y ganas nos pudieron, y decidimos ir al parque de atracciones más grande de Europa, Europa Park.
Con muchas ganas de pasar el día a lo grande, nos preparamos para ir a Europa Park. Ya salimos pronto para no pillar demasiado lío, pero al llegar al desvío de Rust, ya empezaba a haber una pequeña cola, que ya vimos que nos iba frenando según nos acercábamos. Tras unos kilómetros de caravana, y de estar parados durante un buen rato, acelerando y frenando cada 10 segundos, llegamos a la zona de parking, inmensa, donde había sitio más que de sobra.
Una vez aparcados, llegamos a las taquillas, donde pagamos las dos entradas y el parking. Los precios los podéis consultar en su web. Nos registraron la mochila, y para adentro, con un gran día de sol por delante.
Poco más que decir del sitio, montañas rusas enormes, atracciones de agua, otras más tranquilas, bonitos decorados, espectáculos, tiendas, restaurantes y muñecos. Si os gustan los parques de atracciones, este es un sitio que no os podéis perder.
Para salir, mucho menos problema, sin ningún tipo de problema y con el tráfico fluido. También he de decir que no esperamos hasta la hora del cierre, nos fuimos unos 45 minutos antes para evitar las aglomeraciones.
Ya de vuelta en la guesthouse, disfrutamos de otra gran cena y cerveza y las historias de los dueños de cómo llegaron a allí.
Dejamos atrás Oppenau para cambiar los aires alemanes, por los aires franceses. Tras un rato de viaje, desde luego nada largo, cruzamos el grandioso río Rin, y según nos vamos acercando a Colmar, el paisaje va cambiando y se dejan ver viñedos y más viñedos. Tras otro ratín de viaje, ahora sí, llegamos a Colmar, y una de las primeras cosas que vemos, es la Estatua de la Libertad en medio de una rotonda que cruzamos. Nos dirigimos al hotel para dejar el coche, el Hotel Arc-En-Ciel, una habitación doble con cama doble grande. La habitación, comparada con las de Alemania, era bastante más pequeña, sin apenas sitio para moverse.
Salimos caminando en busca del centro, y tras un rato de caminar, llegamos a una de las calles principales, donde nos dirigimos en busca de La Petite Venise, un barrio muy bonito, que recuerda a Venecia, con sus canales y góndolas surcándolos. Las casas son muy coloridas, y se nota la gran influencia alemana en sus construcciones. Tras dar un paseo por allí, nos dirigimos hacia el Quartier des Tanneurs, otra zona conocida de Colmar, con más casas diferentes y algo más altas que el resto, ya que pertenecían a los curtidores, y en la parte de arriba era donde ponían a secar las pieles. Siguiendo nuestro camino, llegamos a otro gran edificio, el Koïfhus, que fue el centro económico de la ciudad en el pasado. A continuación, nos encontramos con la Casa de la Vieja Guardia (Ancien Corps de Garde), otra magnífica construcción. Nuestra siguiente parada fue la Casa Adolf, (Maison Adolph), que es la casa más antigua de Colmar. A continuación, llegamos a la Plaza de la Catedral, donde podemos ver la Iglesia de San Martín (Église Saint-Martin), o la Catedral, donde aprovechamos para comer enfrente. Allí probamos al fin la famosa Tarte Flambée o pizza alsaciana (toda esta zona pertenece a la Alsacia). Tras la comida, seguimos la ruta hacia la Casa "Pfister", una famosa casa y que es la típica de lo que era la burguesía alsaciana. Otra de las construcciones más conocidas es La Maison des Têtes (La Casa de las Cabezas), que lleva este nombre por la cantidad de cabezas que hay a lo largo de la fachada del edificio. Como no podía ser de otra manera, y aún no cansados de ver iglesias, nos dirigimos a la siguiente, la Eglise des Dominicains (Iglesia de los Dominicos), tras lo cual, nos fuimos a ver otra más, la Eglise Saint Matthieu, una iglesia protestante.
Dando por finalizado el tour por allí, volvemos al hotel, para ya hacer el check-in y dejar las maletas en la habitación, y ponernos rumbo al castillo.
Ya en ruta, tomamos el desvío hacia el Castillo de Haut Koenigsbourg, y subimos la serpenteante carretera hasta la cima, donde una vez arriba, hay una larga cola de coches que no avanza, en busca de aparcamiento. Damos una primera vuelta, aprovechando para ver los alrededores del castillo, y nada, otro segundo intento, donde sigue sin haber un solo sitio, y ya a la tercera, decidimos dejarlo por imposible, porque se nos consumía el tiempo, así que nos dijimos que para otra vez.
Bajamos pensando en ir hacia lo que teníamos planeado, pero al ver que íbamos todavía bien de tiempo, decidimos añadir un lugar sobre el que había leído, Ribeauvillé. Aparcamos fuera de la fortificación, y pasamos el gran portón, donde nos volvemos a trasladar a otra época, incluso a un cuento. Sus casas de colores, la calle principal y sus calles perpendiculares estrechas, hacen este pueblo encantador. Aquí no hay grandes edificios conocidos, pero todo en sí hay que verlo y recorrerlo, intentando no dejar ningún rincón. Tras un rato, decidimos marcharnos.
Ahora sí, volvemos al plan establecido, y llegamos a Riquewihr, de estructura muy parecida al anterior, entramos a la fortaleza, y comenzamos a recorrer las calles. Aquí había muchísimos restaurantes. Tras un buen rato de caminar y caminar y sumergirnos en el ambiente al que te lleva, llegamos a una llamativa tienda, la tienda de Nöel, donde tienen todo tipo de decoraciones y cosas para la Navidad, y acabamos comprando algo, como no podía ser de otra forma.
De vuelta en Colmar, decidimos irnos hasta el centro en coche, para esperar a que oscureciera y ver el espectáculo de las Luces de Colmar. Para hacer más llevadera la espera, aprovechamos para cenar, tras lo cual, los edificios importantes y las calles, se iluminaron de diferentes colores e hicieron que todo estuviera aún más bonito si cabe. Dimos un paseo siguiendo las luces (hay algún día que se hace guiada y gratis), y ya volvimos para el hotel a descansar.
Gran día y gran zona la Alsacia, donde volveremos más pronto que tarde. A todo esto, cabe destacar, que la mascota de la zona es la cigüeña, en Francia en general, se dice, que la cigüeña viene de Estrasburgo (Capital de la Alsacia), y no de París, como se suele decir aquí, supongo ahora que por desconocimiento, pero allí, curiosamente, se dice que a los niños no los trae la cigüeña, si no que los niños nacen de las coles, y las niñas de las rosas. Solamente un dato curioso que averigüé investigando sobre la zona.
Comienza nuestro último día de viaje, ya no madrugamos tanto, y nos ponemos en marcha para volver a Friburgo a devolver el coche lo primero. Ya llegando, paramos en la gasolinera que hay muy cerca de la empresa de alquiler y aprovechamos para desayunar y llenar el depósito, ya que si no lo hacéis, con la política de lleno/lleno, os cobraran lo que falte a precio bastante elevado.
Ya en la oficina, esperamos el turno, y un agente va a comprobar el coche. Tras revisar por dentro y comprobar la gasolina, comienza a mirarlo por fuera, y ve el golpe que ya tenía y nos dice que ese golpe no estaba, a lo cual le digo que si que estaba y que mire las fotos que hicimos (aparte de que teníamos el seguro completo). Al comprobar que era así, resulta que lo habían marcado en el otro lado, pero de eso no dijo nada, pero bueno, tampoco protestamos más. Nos pidieron un taxi que solicitamos, y lo compartimos con otro chico a medias hasta la estación de autobuses.
A la vuelta, y tras parar en Basilea durante el trayecto, llegamos a Zürich, donde cogimos el tranvía para irnos al hotel. Elegimos el ibis Zurich Adliswil, una habitación doble con cama doble, y nos costó 93€, lo más barato para ese día. No sabíamos que había un festival esos días y los precios estaban disparados, pero de todo se aprende, y mira que estábamos alejados de lo que es el centro, pero bueno.
Salimos por allí para dar una vuelta y nos compramos algo para cenar más tarde. Había una ruta por la parte de detrás del hotel y decidimos seguirla un rato. El paisaje por allí también era impresionante, todo rodeado de naturaleza. Cuando dimos la vuelta, decidimos caminar hacia el lago de Zürich, y llegamos a un pequeño parque que daba al lago, donde se podía ver la ciudad al fondo. Allí mismo, decidimos cenar y vimos que la gente se llevaba unas barbacoas portátiles de supermercado, de usar y tirar, cosa que no conocíamos, pero que hubiera estado bien para coronar el viaje en ese momento.
Ya de nuevo en el hotel, toca organizar las maletas y guardar todas las compras lo mejor que pudimos, sobre todo recuerdos, regalos, vino de la Alsacia y alguna cosilla más. Ya con tristeza pensando en volver, nos vamos a dormir deseando volver pronto.
Día de conclusiones, día de retorno, día de m*****. Nos vamos hacia el aeropuerto y todo transcurre sin problema alguno, embarcamos y nos ponemos rumbo a Madrid. No me queda nada más que comentar y solo desear que os haya gustado. Espero no haberme dejado nada y que dentro de poco haya una "Parte 2", pero sobre todo, que os sirva de ayuda o guía para los que decidáis hacer una ruta por esta mágica zona.
Sin más, me despido hasta la próxima, gracias por haber leído hasta el final.
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